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Una silla salvaescaleras cambia la vida del que la usa y de los que le rodean

Elisa vive con su madre Paula, anciana de 92 años con una condición de Alzheimer avanzado. Residen en Madrid en el ático de un edificio antiguo de cuatro plantas, “el ascensor llegaba sólo hasta el tercer piso, así que bajar y subir las escaleras desde el ascensor a nuestra casa era un mundo”.

“Hablé con la comunidad de vecinos para ver si se podía hacer algo, ya que aquí es un derecho obligatorio proporcionar acceso a personas con movilidad limitada”. La comunidad aprobó la petición y Elisa se puso manos a la obra buscando en Internet y poniéndose en contacto con varias compañías para comparar precios y servicios. Aunque encontró sillas más baratas, al final se decantó por Incisa: “Lo que me convenció fue la consistencia de la silla. Otros modelos se ajustan únicamente por un lateral, la nuestra va toda apoyada en una plataforma debajo de la silla. Me pareció más segura para mi madre”.

La comunidad entendió los requisitos necesarios en la silla, se aprobó el proyecto y la instalación se completó rápidamente y sin problemas.

De esto hace ya un año, y Elisa considera que la silla salvaescaleras ha mejorado no solo la calidad de vida de su madre, pero también la suya: “Subir y bajar las escaleras con mi madre era muy peligroso, cada escalón suponía un riesgo, así que me retraía mucho a la hora de salir a la calle. Ahora es muchísimo más sencillo, me ha dado mucha tranquilidad!”