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¡Eureka! Encontró la solución

A sus 81 años, Felisa tiene una salud envidiable. Hasta hace unos meses, subía y bajaba las escaleras de un cuarto piso para hacer la compra todos los días. “Yo he subido mucho pesos, pero ya no estoy para eso!”.

La comunidad de vecinos donde Felisa y su cuñada residen no se comprometían a corto plazo a instalar un ascensor. “Yo lo entiendo… son gente joven, con escasez de recursos, y ahora mismo no es una prioridad para ellos. ¡Un ascensor es mucho dinero!”

Pero un día de abril, leyendo el suplemento del periódico, tomó una decisión que le ha cambiado la vida. “Vi una foto en un anuncio de sillas salvaescaleras de Incisa, y lo vi claro, esta iba a ser la solución para nosotras, el dinero, si se tiene, es para poner comodidades!

Para aquellos que estén pensando en comprar una silla salvaescaleras, Felisa recomienda: “No te imagines que es un ascensor, es algo más lento, pero hace el mismo servicio. Para subir los pesos y la compra está fenomenal. ¡Y nos anima a salir más a menudo!”